Tarde noche tranquila y cálida, ideal para un evento
cultural como es (iba a ser, casi fue) la presentación del libro “Solis Toro,
Esculturas” de Manuel Solis.
Sólo dos líneas las sensibleras, de acá en más una crónica,
que de muerte anunciada no tiene nada, de absurdo comunicado todo.
Villa Allende, el lugar elegido por Solis para presentar el
libro en la intimidad de su ciudad; el Concejo Deliberante, el espacio donde su
Toro emplazado en el ingreso le recuerda su romanticismo; organismo público,
para que todo aquel que pasara por la puerta y tuviera ganas se sintiera parte.
Casi a las 20 hs todo listo, los presentadores presentes, el
público llegando y unas cuantas personas ¿tal vez 20? que ocuparon la vereda, portando
medianos carteles con demandas varias hacia el municipio, el intendente y los
concejales. Hasta aquí un pacífico reclamo en un marco de respeto. Sólo hasta
aquí.
Los bombos no tardaron en sonar, los cánticos en atronar,
los 20 en hacerse 50 con niños en primera fila y así subir hasta el hall
externo del Concejo. La interna de Villa Allende en su esplendor.
Pedidos amables para un silencio de 45 minutos, invitación a
sumarse y dejar de restar, intentos de comprender el por qué de elegir ese
lugar y ese momento para protestar. La respuesta de uno de los manifestantes: “vos
querés hacerme entrar en razones y yo no escucho razones”. Y las palabras que
ya no valen más, los diálogos imposibles porque para eso hacen falta dos o más
dispuestos a escucharse, el sinsentido de reclamos que perdieron su justicia en
la falta de coherencia.
Querían, exigían y gritaban la presencia de Colombo, el
intendente. El que nunca fue al evento, ergo, ¿para que siguieron azotando los
bombos con los gritos? Esa es la respuesta del millón. Nos haremos cadáveres
hasta que venga muchachos. ¿Qué tal si paran un rato y presentamos el libro? ¿Y
si van a la casa del susodicho a armarle el barullo? ¿O se plantan todas, pero
todas, las mañanas frente a su despacho?
Preguntas en saco roto porque tal vez las respuestas son el
simple hecho de no dejar hacer, porque la tajada es lo que importa, porque el
pedacito de poder es lo que convoca.
No se pudo hacer la presentación, no se pudo conversar, no
se pudo usar y dejar usar el espacio público, no se pudo obligar al intendente
a ir, no se pudo conseguir ninguno de los reclamos, ¿pudieron algo
manifestantes de lo que se supone que demandaban o sólo les interesaba el ser
parte de la máquina de impedir?
Sólo pudo la prepotencia. Sólo pudo el desconcierto, la
desazón y el enfrentamiento absurdo contra el otro, un otro que ni siquiera era
otro, pero que hoy lo convirtieron en otro.
Qué manera de desperdiciar militancia.