martes, 14 de diciembre de 2010

Me puse a conjugar

El infierno son los otros: Sartre.
¿Si los judíos no tenemos infierno tampoco tenemos otros?
¿Los otros no son?
¿Somos nosotros?
¿Porque soy judía (creo) creo que el infierno bien entendido empieza por casa?
¿Será que es suficiente infernar a los otros en esta vida como para tenerlo en la otra?
¿Estamos chamuscados CULPA de los otros?
¿Cuándo somos los otros dejamos de ser nosotros y no nos gusta ni mierda la frasecita?
¿Nosotros, vosotros y ellos cómo se conjugan en este enredo?
¿Yo me conjugo? Ni media gana me da.
Yo decido, yo culpo, yo inferno, yo enredo, yo conjugo.
YO pronombre podrido que me patea hasta lo más íntimo.
YO dos letras que se esconden a fondo.
YO es más difícil que la tabla del 12.
¿YO? Gracias, prefiero VOS.
VOS simpático pronombre que me libra de hacerme cargo.
VOS sale a la superficie de una, al toque.
VOS es una papa como 2+2.
VOS y ELLOS, tocar el cielo con las manos para sacudirse la responsabilidad.
VOS, ELLOS y los OTROS siempre conjugan la CULPA.
VOS, ELLOS y los OTROS son el infierno.
Yo, bien gracias, no tengo infierno, estoy al horno.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Morite

-Ves, así es cuando me siento mal.
-¿Así cómo?
-Así, ¿no ves?
-Mmm, no.
-No entendés, me agarra la taquicardia, me duele el pecho y el brazo izquierdo, me falta el aire, estoy mareada, me siento mal te digo.
-Ajá, ¿eso es todo lo mal que te podés sentir?  Qué poca cosa, para sentirte mal hacélo en serio.
-¿Por qué no te vas a cagar?
Cómo le respondo eso si me cobra de menos, me fía y encima cuando me abraza me siento acunada cual bebé.
Listo, me voy a dejar sentir tan mal que me voy a morir, vas a ver tarada, que yo tengo razón y cargarás con mi agonía en tu conciencia, quiero ver qué psicólogo te salva a vos berreando sobre mi cajón. Tan joven, hermosa, inteligente, qué futuro que tenía pobrecita ella y sus tres hijitos sufrientes.
Ya vas a ver, estoy en eso de crepar hace una semana, poniéndole toda la voluntad, fe y creencia, la muerte no se equivoca y yo menos.
Todo por hacerte caso y no llevarte la contra te demuestro que sí me llama la parca hacia el esperado encuentro con mi padre.
En tanto, ¿alguien necesita el Clonazepam que me sobró?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Mi mamá está viva

Siempre odié a la muerte, en realidad el siempre es desde que mi viejo tuvo la mala idea de morirse. Pero parece que el antes fue antes cuando mi vieja interrumpía sistemáticamente los almuerzos (siempre los almuerzos, qué lindo momento mamá) con comentarios tipo, va listado:
-Lo único que quiero es estar viva hasta que estén criados hijos míos.
-Después ya está no importa si me muero.
-Total estarán criados y no me necesitarán.
-Ya lo saben a mi nada de enterrarme, me creman y si quieren tiran mis cenizas por el inodoro.
-En realidad me gustaría que mis cenizas fueran al Rosedal de Buenos Aires, si es que todavía existe, claro, sino la zona de La Falda me queda bien.
Mi viejo se atragantaba, enmudecía, se ponía pálido violáceo y la miraba con cara de “si seguís con esto te voy a dar el gusto vieja de mierda”.
Mi hermano y yo revoleábamos los ojos al cielo, seguíamos masticando supuestamente impertérritos y la mirábamos con expresión de “má sí, seguí jodiendo que te vamos a meter en el asador, ¿no querés ser cremada?”
Pues mi papá no le dio la satisfacción de hacerle caso y le cagó los planes muriéndose primero, viejo podrido, ella nunca se lo perdonó ¿cómo se le ocurrió hacerle eso? Y claro, tanto hinchar con su hipocondría que se terminó fabricando un tumor, pero uno bien gordo, de esos que te dicen chau hasta aquí llegaste; certeza absoluta de mi santa madre.
Con otra muerte personal tuve suficiente para pelearme a muerte con la muerte, qué frase ridícula. Batallar con todas las muertes, con todos los finales, los acabóse, the end. Y me puse a agonizar y hacer agonizar cosas y personas varias que debería haber hachado, soltado, dejarlas irse en paz y tomarme el buque yo también.
Da la casualidad que me gusta sentirme feliz y me tiene los ovarios llenos la agonía. De tanto buscar sacar la cabeza del espanto asomaron un par de pelos, mis ojos, y mi nariz.
Sigo empujando el resto del cuerpo, dicen las que saben que la muerte es una amiga que me tiende la mano para recordarme, pedazo de alcornoque, que estás viva.
Por cierto, mi mamá es una idische mame.