jueves, 2 de diciembre de 2010

Mi mamá está viva

Siempre odié a la muerte, en realidad el siempre es desde que mi viejo tuvo la mala idea de morirse. Pero parece que el antes fue antes cuando mi vieja interrumpía sistemáticamente los almuerzos (siempre los almuerzos, qué lindo momento mamá) con comentarios tipo, va listado:
-Lo único que quiero es estar viva hasta que estén criados hijos míos.
-Después ya está no importa si me muero.
-Total estarán criados y no me necesitarán.
-Ya lo saben a mi nada de enterrarme, me creman y si quieren tiran mis cenizas por el inodoro.
-En realidad me gustaría que mis cenizas fueran al Rosedal de Buenos Aires, si es que todavía existe, claro, sino la zona de La Falda me queda bien.
Mi viejo se atragantaba, enmudecía, se ponía pálido violáceo y la miraba con cara de “si seguís con esto te voy a dar el gusto vieja de mierda”.
Mi hermano y yo revoleábamos los ojos al cielo, seguíamos masticando supuestamente impertérritos y la mirábamos con expresión de “má sí, seguí jodiendo que te vamos a meter en el asador, ¿no querés ser cremada?”
Pues mi papá no le dio la satisfacción de hacerle caso y le cagó los planes muriéndose primero, viejo podrido, ella nunca se lo perdonó ¿cómo se le ocurrió hacerle eso? Y claro, tanto hinchar con su hipocondría que se terminó fabricando un tumor, pero uno bien gordo, de esos que te dicen chau hasta aquí llegaste; certeza absoluta de mi santa madre.
Con otra muerte personal tuve suficiente para pelearme a muerte con la muerte, qué frase ridícula. Batallar con todas las muertes, con todos los finales, los acabóse, the end. Y me puse a agonizar y hacer agonizar cosas y personas varias que debería haber hachado, soltado, dejarlas irse en paz y tomarme el buque yo también.
Da la casualidad que me gusta sentirme feliz y me tiene los ovarios llenos la agonía. De tanto buscar sacar la cabeza del espanto asomaron un par de pelos, mis ojos, y mi nariz.
Sigo empujando el resto del cuerpo, dicen las que saben que la muerte es una amiga que me tiende la mano para recordarme, pedazo de alcornoque, que estás viva.
Por cierto, mi mamá es una idische mame.

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