miércoles, 19 de enero de 2011

Manipuleando

Ficción, eso es, esto es el acabóse de las historias cuentos cortos vomitados luego de terapia, malos ratos, peores vivencias y ella que estrola con que escriba.
Había una vez una bella, dulce e independiente niñita (rubia de ojos verdes judía del Cerro para más datos, imprescindibles para situar el relato) que quería ser titiritera, de esos que se llaman marionetas y tienen parvas de cuerdas.
La bella niñita tenía flor de maestros en casa, expertos en eso de los hilos y lo sostenido por ellos que podían ser muchas cosas personajes situaciones vivencias. Así creció la dulce niñita observando primero, experimentando después, especializándose más adelante. Se hizo adulta la independiente niñita, feliz de la vida con su pericia en el manejo de los mentados hilos, creando nuevas formas de manejo que si algo no le falta es creatividad y originalidad. Diferentes personajes se fueron atando a las cuerdas sin obligación ninguna porque ella en su inocencia jamás hubiera hecho semejante cosa, tan encantadora acudían sublimes y encajaban perfecto con la estructura, escenario, retablo y telón.
Un oscuro tenebroso día apareció ya que nunca falta el personaje malvado en todos los cuentos felices y este vaya sí lo era, ELLA con carita de yo no fui típica de quienes vienen malsanamente y por pura malicia a pincharte el globo seguro que la envidia los envía. La bella, dulce e independiente adulta (propietaria de algunas canas, arrugas, flacura en demasía, agnóstica de Mendiolaza, vuelve a ser indispensable la ubicación socioespacialtemporal) luchó a brazo partido con esta cortadora profesional podrida de cuerdas que se apareció así de la nada sin invitación mal educada, que para colmo de males se emperraba en no encajabar en ninguna de las estructuras armadas con tanto amor, años y paciencia por la bella adulta.
Es sabido que la sedición es contagiosa mucho más si se tiene en cuenta que las marionetas no son precisamente una luz y la falta de criterio las empuja a aliarse con cualquier bolazo disfrazado de encanto y libertad, hacerle semejante desaire a quien las cuidó toda una vida de entrega postergándose a sí misma, no hay derecho.
Y al carajo los hilitos en orden, un kilombo de enredo desesperación de la dulce adulta terminando con el estruendoso apocalíptico final de todos los personajes y la sepultura huída de la realidad y vida cultivada por la independiente adulta.
Tiene ahora dos manos al reverendo pedo, ocio pertubador, un caudal de conocimiento en hilos nunca jamás visto, espacio tan apabullante.
¿Saben quién enseña crochet?

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