domingo, 28 de noviembre de 2010

Es lo que hay

Porque me tocó así tuve una familia pequeñita: mamá, papá, hermano y yo, nosotros cuatro y ya.
Tíos, primos, abuelos, madrinas y padrinos, de sangre o prestados, no hubo, o en cuentagotas, tamaño y presencia de muestras gratis.
Porque nací así esas ausencias me pesaron, dolieron, ahuecaron, sobraron ausencias.
Cumpleaños limitados, aniversarios escasos, fines de año con cuatro sillas; navidades no, nunca, jamás, ya lo sabemos por mi apellido.
Primer matrimonio vino con familia política, si eso es familia no gracias yo paso.
Concubinato a continuación con una sola silla, la mía nomás, las otras eran bancos incómodos en los que todos se sentaban en el borde prestos para salir rajando.
Tercera pareja, sí qué bueno está vez le acerté, oh caramba adónde están todos? Yo que había acomodado los almohadones en el sofá grande para que todos cupieran, había comprado sillas a estrenar en las que la cola no tenía ninguna gana de salir y preparado una mesa de fiesta grande, como me contaron mis amigas de familia grande que se hace.
Rumiando y rumiando y terapiando más reikiando: ¿En qué le pifié esta vez, otra más, de nuevo, qué inútil querida?
Y silbando bajito, respirando y expirando viva el yoga, los chakras en orden (eso dice ella) me senté sonriéndole a mi Tía María, creo que la única que viene en botella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario